La profesión de intérprete
“La interpretación es probablemente una de las profesiones más antiguas del mundo.” *1 (P. E. Longley, “Conference Interpreting”, S. 1) Ya en la antigüedad las diferentes tribus debían comunicarse entre sí, lo mismo valía para los soberanos de distintos imperios, por lo que se necesitaban intérpretes.
La interpretación de conferencia en su forma actual comenzó sólo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en los que se fundaron numerosas organizaciones internacionales. De esta forma nació una profesión organizada con un estatus reconocido, reglas propias y un código deontológico. La interpretación es, por tanto, una de las profesiones más antiguas y al mismo tiempo una de las más modernas del mundo.
El que durante años fuera jefe de Interpretación de la UNESCO, Hans Jacob, afirmaba con frecuencia: “Se paga al intérprete para que esté disponible y escuche el discurso, la interpretación se suministra de forma accesoria.” Si bien esta afirmación puede tener una cierta validez en lo que respecta a los intérpretes “de la vieja guardia”, en la actualidad la interpretación de conferencia es una profesión que requiere una sólida formación. De más está decir que ya no es suficiente aprender el vocabulario específico de un tema, sino que para comprender los conceptos cada vez más complejos se da por sentado el estudio de las diferentes asignaturas, de la problemática a tratar y las circunstancias particulares en la situación dada. Sólo así el intérprete podrá ofrecer un servicio de la máxima calidad en los congresos especializados.
Los intérpretes de conferencia suelen trabajar para organizaciones internacionales o en el así llamado mercado privado. La diferencia reside en los requisitos de los trabajos y también en la cantidad de lenguas activas y pasivas en el haber del intérprete.
Una lengua activa es aquella hacia la cual el intérprete reproduce los discursos. Para ello debe dominar dicha lengua, tanto en lo relativo a la comprensión como a la expresión.
Una lengua pasiva es aquella que el intérprete comprende perfectamente pero hacia la cual no realiza la interpretación.
En función del nivel de dominio de una lengua se procede a una clasificación en lenguas A, B y C:
Lengua A: Es la lengua materna. En algunos casos, los intérpretes tienen más de una lengua materna, aunque no es la regla general. Una lengua A es una lengua activa (véase definición anterior).
Lengua B: Es una lengua que el intérprete domina casi tanto como su lengua materna, por lo que posee una excelente capacidad de comprensión y expresión de ella. Una lengua B es también una lengua activa (véase definición anterior).
Lengua C: El intérprete comprende perfectamente dicha lengua y puede reproducir los mensajes hacia otros idiomas, aunque no realiza la traducción hacia dicha lengua C. Se trata de una lengua pasiva (véase definición anterior).
Los intérpretes que trabajan en el mercado privado suelen tener combinaciones de lenguas A-B, B-A y C-A. En cambio, los intérpretes de las organizaciones internacionales trabajan casi exclusivamente hacia su lengua materna a partir de sus demás lenguas C o B. Esto se debe al tipo de trabajo requerido en las diferentes instituciones.
